Rocío Kunst / Inside the house, outside home

Teatro Principal
17.08 – 20.09.2020

La vida de las sombras

Miguel Ángel Hernández

En La vida del espíritu, Hannah Arendt observó las relaciones entre el pensamiento y la sombra. Mientras que la vida activa –el trabajo y la acción– se desarrolla en el terreno de lo público, la vida contemplativa, la actividad del pensamiento, tiene lugar en el espacio íntimo, lejos de la luz y el ruido constante. Para pensar, dice Arendt, es necesario retirarse del mundo y adentrarse en las sombras. Encontrarse ahí con uno mismo. A este estado existencial lo denominó “solitud”–solitude–, para distinguirlo de la “soledad”–loneliness–, en la que el sujeto está aislado, “privado de la compañía humana y también de la propia compañía”. En ese recogimiento silencioso y oscuro el sujeto se protege y se reencuentra, desarrolla su pensamiento. Sobre sí mismo y sobre el mundo que lo rodea.

Hoy, casi cincuenta años después del libro de Arendt, podemos decir que la solitud prácticamente ha desaparecido. La transparencia, la luz y el espectáculo del mundo contemporáneo llegan a todos los rincones de nuestra intimidad y apenas nos quedan espacios en penumbra. Vivimos en el brillo de la sobreexposición. Y más que nunca necesitamos espacios ensombrecidos, capaces de resguardar al sujeto, promover ese encuentro íntimo y hacer surgir el pensamiento libre –que para Arendt era, en realidad, la única posibilidad de la acción política y la transformación del mundo–.

En ese contexto de luz enceguecedora, las fotografías de Rocío Kunst nos invitan a introducirnos en una zona de sombra y recuperar así la solitud. Sus personajes solitarios se encuentran envueltos por la penumbra. Iluminados levemente, sus rostros y sus cuerpos caminan hacia la oscuridad. La oscuridad del espacio doméstico. Porque es la casa el lugar que acoge a estas mujeres, que las abraza y que las protege. Un refugio y también una trinchera, una zona de combate interior.

Recuerdan estas obras a las fotografías performativas de la primera Cindy Sherman, fotogramas de una película inexistente cuya historia nunca podemos reconstruir del todo. Y, en otro sentido, también nos hacen pensar en las imágenes evanescentes de Francesca Woodman, el sujeto camuflado e integrado en el espacio íntimo, en el límite de la desmaterialización. Dos modos de autorretrato, el de Sherman y el de Woodman, aparentemente antagónicos, pero en última instancia atravesados por una pulsión de desaparición: en el lenguaje –el sujeto que se oculta en los roles de la cultura– o en el propio cuerpo –la figura que se desvanece y se convierte en un fantasma–. De alguna manera, entre esas dos maneras de entender el trabajo con la imagen y con el yo podemos situar la obra de Rocío Kunst. Una toma de conciencia de los estereotipos culturales que conforman lo social –en especial, la construcción de lo femenino y su adscripción a ciertos espacios concretos– y una concepción de la subjetividad etérea e inasible, llena de recovecos imposibles de iluminar, que sólo es posible habitar lejos de los focos de lo público.

Al analizar las imágenes de Rocío Kunst, solemos hablar de las protagonistas de sus historias, de las mujeres que esperan, que miran o que se mueven hacia algún lugar fuera de campo. Pero también deberíamos hablar del espacio. Porque el espacio en sí parece respirar en estas fotografías. El espacio que acoge y al mismo tiempo amenaza. Casi en el límite de lo siniestro. Puertas, pasillos y escaleras. Espacios de paso hacia un lugar que desconocemos. Espacios domésticos que pierden sus límites arquitectónicos y se convierten en una masa lóbrega sin forma, una cueva oscura que absorbe a los personajes hacia sí.

La artista narra a través de la elipsis. Son historias que tienen un antes y un después que desconocemos. Son instantáneas de un relato a cuyo sentido último no podemos acceder porque está fuera de campo. Del campo visual y también del campo temporal. Un antes y un después, pero, a la vez, un aquí y allá que no podemos ver porque se encuentra ensombrecido. De ese modo, el propio espacio se configura como elipsis. Una zona de sombra donde se apaga la historia que podemos ver. Ahí tiene lugar la solitud, el pensamiento, el encuentro de los personajes de la imagen consigo mismos. Pero también ahí se produce una zona de sombra –un espacio de pensamiento– para el espectador. Porque ahí, en última instancia, habita el ojo de quien contempla la imagen. En esos espacios oscuros, el ojo se inquieta y se moviliza intentando captar algo que se le niega. Frente a las imágenes de luz que lo muestran todo y adormecen la actividad visual, aquí el ojo se activa. Y también se frustra. Tiene que asumir que hay un lugar al que no puede acceder, un punto ciego, un escotoma. Un espacio secreto inaccesible.

La toma de conciencia de ese invisible promueve una visión diferente y alternativa a la visión del espectáculo. Una visión que respeta lo íntimo, que no pretende desvelar y desnudar al otro y que reconoce su radical alteridad, más allá de la luz que todo lo iguala. Es así como la obra de Rocío Kunst se erige como una plataforma de resistencia ante un régimen de transparencia despiadado, que vulnera al diferente y anula su posibilidad de constituirse como sujeto libre. Tal vez esa sea la única tarea del arte en la era de la imagen: hacernos ver y pensar de otro modo. Generar oscuridad. Penumbra. Caminar entre las sombras.

Rocío Kunst nace en Murcia en 1990, de madre madrileña y padre murciano. Ya desde niña siente una inclinación natural hacia el arte, y su capacidad de contemplación le llevará a estudiar Bellas Artes en la Universidad de Murcia. Pero será en la escuela EFTI (Madrid) donde se especializará en fotografía. Desde entonces, su obra ha sido expuesta en galerías y espacios de Murcia, Valencia, Málaga o Madrid, siendo premiada en varias ocasiones; el último de sus galardones, el primer premio de fotografía en el Certamen de Jóvenes Creadores de Salamanca (2019).

Actualmente ejerce como docente en la Universidad de Murcia.

Su obra gira en torno a la construcción de la identidad por medio de la memoria, los espacios y los estados psicológicos. En su fotografía, introspectiva y de abierto carácter confesional, el autorretrato se hace presente incluso en ausencia de la artista: un diálogo en el que el valor simbólico de la imagen es esencial. La refinada estética de sus escenas, pese a su aparente sencillez, ofrece una gran profundidad de significados en los que el espectador juega un papel protagónico. Así como la perspectiva de género, y es que la autora crea desde las tripas del feminismo, reflexionando sobre su poder e invitando a las mujeres a construir su propia historia.

Annie Costello

https://rokunst.wordpress.com/

17.08 – 20.09.2020
Teatro Principal
Calle Argensola, 19 – Barbastro
Category
Exposiciones 2020
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